martes, 31 de marzo de 2009

Un "muro de la vergüenza" en Río de Janeiro

Por Carolina Beano Collado

En Río de Janeiro se está construyendo un muro de hormigón. Tiene tres metros de altura y rodea las favelas. El objetivo, según apunta el Gobierno de Brasil, es “contener la violencia y el crecimiento de estos barrios en la ciudad”, a la vez que proteger la vegetación de la Mata Atlántica (vegetación semiselvática típica de la costa brasileña). La construcción, que rodeará a 11 de estas favelas, ya ha comenzado, de manera que ya pueden contemplarse 55 metros de muro alrededor del llamado Morro de Dona Marta.

Las favelas se extienden por las colinas de Río desde hace 120 años, y sin asentamientos principalmente de inmigrantes del interior del país, que acuden a la ciudad huyendo de la pobreza. En su mayoría, carecen de cualquier tipo de urbanismo, de servicios básicos, de orden. Son caldo de cultivo para la marginalidad y sus consecuencias, lugares en que los narcotraficantes campan a sus anchas y donde la única ley es la ley del más fuerte. Son un problema, es cierto. Pero levantar un muro, aislarlas, hacerlas invisibles…¿es la solución?¿Y de verdad las razones del gobierno del Estado se sostienen? Analicémoslas:


Defender la Mata Atlántica”, en un país en el que se deforesta la Amazonia, se urbanizan playas, las ciudades crecen en vertical y al otro lado de las favelas, la playa de Copa-Cavana es un conglomerado de rascacielos uno al lado del otro, sin orden ni espacio para respirar.
"Controlar el crecimiento”; aislando las favelas, el crecimiento será más caótico y más denso, pero no se detendrá.
Controlar el narcotráfico”. No parece que un muro de hormigón vaya a servir para nada parecido, sino más bien al contrario. Aislar aún más a los habitantes de las favelas los dejará más indefensos y más en manos de las bandas, impedirá,, todavía más, la integración.

La solución, más que aislar, pasaría por integrar. No ocultar lo que está detrás de las áreas urbanizadas, sino permitir la permeabilidad visual y funcional entre la favela y su entorno, estudiando su topografía y los usos de los habitantes. Dotar de infraestructuras: sanidad, educación, alcantarillado, agua, electricidad…Generar un intercambio de actividades y servicio entre una zona y otra.
Está claro que estas políticas de urbanización deberían ir unidas a otras políticas, sociales, de creación de empleo, sobre todo para jóvenes y madres solteras y de seguridad ciudadana, no únicamente desde la perspectiva de la represión sino además- sobre todo- desde la prevención. No sería fácil, ni tampoco inmediato. Pero sería definitivo a largo plazo.

Considerar la creación de un muro la solución, solo servirá para aumentar el aislamiento de lo que ya está absolutamente aislado, para privar a los habitantes de las favelas, que más allá de los narcotraficantes conforman un entramado social rico, que pertenece ya a la historia de Río, de todos los beneficios, los servicios y las prestaciones a las que tienen derecho.
Será, a pesar de las justificaciones de los políticos, que casi siempre enmascaran intenciones poco justificables, un muro como el de Berlín, el de Cisjordania o el del gueto polaco. Otro más. Y un motivo más para avergonzarnos.

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Vídeo relacionado (extraído de youtube, duración: 4,45 minutos)


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